Y la estrella brilló en un fondo oscuro, negro, necesario para proyectar su luz y su figura que crecía y giraba y, sin aspavientos, danzaba como si la gracia y la elegancia lo fueran todo. La técnica virtuosa de Baryshnikov está detrás, permanece en el bailarín que flotaba entre-chats, jetés, grand jetés y tours en l’air para posarse ingrávido sobre 40 ó 50 pirouettes…¡Ah, qué gozo! Una puede querer verle en sus años mozos y él, que lo sabe, nos proyecta un vídeo de una clase magistral que él mismo observa con asombro. La mano en los riñones tras un ejercicio extraordinariamente preciso es un guiño al público respecto a la edad y sus limitaciones, pero su porte, su armonía, su expresividad, tanto mímica como teatral, lo crecen, tanto, que al acercarnos a él en la puerta de salida del escenario, sorprende ver al hombre: menguado, enjuto y cansado, que atentamente firmó muchos autógrafos, aunque no todos. Nos queda la foto de las amigas que fuimos hace años a verle bailar en Las Palmas, Baryshni en medio, sonriente, cansado, pero sin arrugas… Nos quedan las imágenes de sus tonteos con la mesa de turno ( a sus 61 años volvió a subir sin esfuerzo, aparente al menos, en uno de sus solos), y los sueños de ser Ana Laguna entre sus brazos firmes, ondulantes, gráciles y absolutamente emotivos y donantes de una embriaguez tal al abanar el aire con sus grandes manos, que la belleza efímera de la danza permanece por siempre en el alma de quienes tuvieron la fortuna de presenciar el aleteo refulgente de la estrella, que después de darlo todo se aleja hasta que su luz se apague.
En el aire, 30 de junio de 2009.-
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lunes, 29 de junio de 2009
sábado, 16 de mayo de 2009
“Bienvenidos al vuelo de Iberia 958 con destino Tenerife norte…” Uuummm, algo falla. En la puerta de embarque una de las azafatas, de las típicas de Iberia de toda la vida con cara de estar haciéndote un favor, empezó a perder la paciencia con los pasajeros que, despistados, ignorantes de las consignas de las letras – que ésta indicaba, sin hacerse entender -, o simplemente extranjeros sin conocimientos del español, no entendían a qué diablos se refería recitando el abecedario de la A a la L y asignándoles una de las dos puertas de acceso a un único pasillo de 2 rampas que desemboca en la puerta del avión, donde vuelven a indicarte si tu asiento está a la derecha o la izquierda del aparato, porque, claro, tanto gritar con desquicie el abecedario, tanto desgañitarse como una cabra loca balando incomprendida, ahora con micrófono, tanto berrido típico de desequilibrio hormonal, no era para evitar atascos en los pasillos mientras los pasajeros se acomodan en sus asientos. En fin, que con ganas de poner una reclamación por tan mal trato me encamino a mi fila 37 asiento A. normalmente, no elijo sentarme tan atrás y la mala suerte me hizo reclamar otro lugar con ventanilla, porque al poner mi bolso en el suelo percibo restos de vomitada en las paredes. A punto de soltar yo también el único alimento del día – café con soja – reclamo a un azafato que me dice con aire de pocas ganas de trabajar “ahora mismo”. Si están pensando que el chico tenía mucho lío laboral van muy pero que muy despistados. El joven se quedó plantado en el pasillo hablando con un colega sentado en el 38C, o sea, en mi oreja y con mis “pituitarias más visuales que olfativas” aleteando con hambre y enfado -por la situación- narrando con detalles y jolgorios cómo se lo había pasado de bien en Miami con un amigo que vive allí y cómo le sacó brillo a la American Express, que no tiene límite de crédito, pero que cobrar, cobra, claro. Crean que atónita y lentamente por lo inverosímil de lo que cuento, me tuve que girar hacia él, empezando a desquiciarme, diciendo “me estoy mareando…”. Sólo entonces se movió y yo pude despegar sentada en el 15 L y sin nadie al lado, que me pregunte cada 30 segundos por alguna cosa del avión y el vuelo. Algo bueno: el avión es muy amplio. Miro el modelo. Un A-340/300. ¿Entretenido, no? Pues añádanle al caso que hace tres días que estamos esperando que aparezcan tres maletas facturadas en Londres y que aún no sabemos dónde demonios están y si aparecerán. “Gracias por volar con nosotros y esperamos verles nuevamente a bordo”.
lunes, 22 de diciembre de 2008
José Carreras. Gala Concert
Siete de la tarde. Menos tres grados de temperatura en la calle. Abrigos de piel, esmóquines, vestidos largos, cortos, brillantes, de lana, de poliester...la entrada al Royal Albert Hall acogía a los recién llegados. Tercer piso, a la izquierda. Al cruzar el quicio de la puerta de acceso a la gran sala el vértigo no es un recurso literario. Los asientos se levantan en vertical alrededor de lo que simula un coso taurino. En rojo y dorado el negro tablado espera en silencio el espectáculo. Quizás intuye que dejará mudo al público con los primeros acordes. Una nota lírica, un taconeo flamenco, un piano, un cuadro de caja, guitarras y violín con cantaores dan la réplica a Carreras arropado por los vuelos de la Sara Baras. Canción lírica española y flamenco español se unieron con tanta elegancia y gracia que el tendido quedó rendido al embrujo de "Noches en los jardines de España". Ole, ole y ole!!
Durante el intermedio, el escenario se va llenando de sillas intrumentos y vocalistas. A continuación, el coro de la orquesta sinfónica de Londres y la orquesta. El director sale y entra con José Carreras, Kiri Te Kanawa, el barítono danés Johan Reuter, cada vez, hasta que Carreras presenta al artista sorpresa de la noche: Rolando Villazón, uno de los tenores más importantes del momento!! Grande, qué grande!!!
Un bis, dos bises, tres bises y finalmente, el Adeste Fidelis con todos los artistas, orquesta y coro...el público invitado a participar no puede emitir sonido alguno...demasiada emoción. Para ayudar a descargarla...resuenan los acordes del magnífico órgano del majestuoso templo. El quiebro vence. Das gracias a la vida...
La Gala era en beneficio de la investigación de la leucemia.
Diciembre de 2008.-
Durante el intermedio, el escenario se va llenando de sillas intrumentos y vocalistas. A continuación, el coro de la orquesta sinfónica de Londres y la orquesta. El director sale y entra con José Carreras, Kiri Te Kanawa, el barítono danés Johan Reuter, cada vez, hasta que Carreras presenta al artista sorpresa de la noche: Rolando Villazón, uno de los tenores más importantes del momento!! Grande, qué grande!!!
Un bis, dos bises, tres bises y finalmente, el Adeste Fidelis con todos los artistas, orquesta y coro...el público invitado a participar no puede emitir sonido alguno...demasiada emoción. Para ayudar a descargarla...resuenan los acordes del magnífico órgano del majestuoso templo. El quiebro vence. Das gracias a la vida...
La Gala era en beneficio de la investigación de la leucemia.
Diciembre de 2008.-
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