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jueves, 24 de diciembre de 2009

¡FELIZ NAVIDAD...


...A LOS 73121 VISITANTES DE MI BLOG!


(Entre nosotros es el númerito de loteria que jugué y que no pilló na de na, eso si tenemos un vientecito y una olitas estupendas, jajajajaja)

domingo, 6 de diciembre de 2009

Holaa, holaaa, sí, sí, probando, probando…mi amiga Fata me pide que actualice el blog, que no se mueve… ¿que no se mueve? ¡Si no he parado! Claro que ella no me decía que me moviera yo. .. el problema es que para que el blog se mueva la que lo rellena tendrá que estarse quieta un rato al menos, no? O no tener la cabeza llena de mocos durante una semana, invirtiendo el tiempo como limpia cristales, ordena altillos, airea jerseys (con todos sus ácaros y vuelta a empezar con la asfixia y el recurso de la aspiradora) con vistas al invierno que no llega, en la costa al menos. Esto es un sin vivir. La cadena de acontecimientos desborda horarios, planificaciones y previsiones para imprevistos. Una escapadita de fin de semana al concierto de Depeche Mode se convirtió en una jincama de almuerzos, cenas, visitas de un día para otro a una amiga en los pirineos franceses, calçots (riquísimos, por cierto), cava, champán, foie-gras, lechugas ecológicas deliciosas que viajaron en la maleta de vuelta (¿he dicho que tengo unos amigos estupendos?) jajajaja, en fin, que las 3 horas y pico de avión no las usé para escribir sobre el concierto que estuvo bien salvo porque nos dejaron con la boca abierta tratando de aspirar un poco más de entendimiento al encenderse las luces del Palau sant Jordi y no haber sonado “La canción”, tararéese el estribillo tan-tan-tarararaaa-rarán-tan- tarararaaa-rarán- tan-tirararaa-rarán, sí, esa misma que se podría escuchar mientras se lee este texto si una supiese cómo dejar la canción escogida en el dizzler que hay a la derecha y que según el Gadget es de escucha gratuita, pero no hay forma, salta la que salta y el hombre muerto resucita y resucita sin parar ¿estaré cometiendo una ilegalidad? La verdad es que no tengo ni idea, porque aunque uno sepa nadar lo de navegar es otra cosa.
Todo es relativamente nuevo, el lenguaje, las siglas, los contenidos, las frases tipo “vínculos de retroceso” y ni yendo p’adelante consigo colgar un audio propio, mío, sin derechos de terceros. De todos los formatos que he tenido que averiguar que existen no he dado con un conversor a los que permite esta plantilla, espacio o como se llame lo que quiera que ocupe. Así es que ése es el principal motivo de que este blog no tenga más vidilla ni propia ni ajena, porque según mi amiga, “como dicen los informáticos, está en explotación y no en desarrollo”. AAAyyy, san Nicolás me ----, no puedo más. A todas estas nacieron Nicolás y Juan…¿sabrán ya ellos cómo colgar el audio en este blog? Sus madres saben de avis, así es que lo traerán aprendido, ¿no? No quiero vídeos ni fotos, quiero audio. Socorroooooooo, me ahogo, necesito un salvavidas. No, no me es suficiente, tengo que colgar mis audios, si no tendré que buscar otra forma de expresión-….uuuummm con lo bien que me iría ésta…just cant’n get enough, andaaaaaa, dale a depeche mode----------`^just can’t get enough y bailaaaaaaaaaaaaaa, bailaaaaaaaa,bailaaaaaaaaaaa

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Empieza a ser habitual ver imágenes como ésta. Estos días de intensas lluvias - por fin, a pesar del aire cálido que poco hacía presagiar que no fuese a descargar más que un chipichipi- han dejado a muchos del noroeste de la isla enfangados y sin enseres. Es triste y a pesar de todo no se hacen las cosas mejor. Desgraciadamente, no es la primera vez y según las profecías no será la última.
Sin embargo, esta foto no es consecuencia de las lluvias, sino de los golpes de mar unos días antes...La piscina se cerró y a saber cuánto tardarán en abrirla de nuevo. Tiene su importancia y más en crisis, ya que es sabido que en invierno son muchos los bañistas, locales y foráneos, que desde el amanecer de Dios y hasta bien entrada la tarde, ejercitan mente, cuerpo y alma en estas aguas.

Al día siguiente, las olas habían tirado los trozos de muro y hoy solo quedan una migajas esparcidas por el fondo vacío de la piscina. Quizás sea un homenaje a la caída del muro de Berlín , o un simple recordatorio de que hay fuerzas muy superiores a la de la especie humana.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Los electricistas.


Acabo de leer uno de esos chistes tontos que te sonríen la mañana, en el que un electricista llegaba a un hospital y le decía a los pacientes conectados a los aparatos que los mantenían vivos, que respiraran profundo porque iba a cambiar un fusible…Yo ignoro si el suceso tuvo lugar, pero doy fe de que en más de una ocasión se dan situaciones parecidas, poco creíbles por absurdas y antilógicas, que te dejan perplejo y furioso a la vez. De hecho tengo un reciente encuentro con unos electricistas que me hicieron dudar del resto de la instalación que habían realizado meses atrás. El caso es que quedó pendiente colocar un timbre de movimiento ya que el soniquete que compré con el sensor no servía porque entre el ding y el dong pasaban 5 segundos programados de fábrica que hubiesen provocado que se quemara en un par de días. Téngase en cuenta que no soy electricista. Que lo más que hago es limpiar las lámparas y cambiar las bombillas y el enchufe de una aspiradora, por supuesto desenchufada, gracias a la clase de pretecnología del colegio. Long time ago, por cierto, ejem…En fin, tuve que aventurarme de nuevo en la megaferretería, prefiriendo gastar mi tiempo a poner en manos de otros el sonido de advertencia que podía dejarme pegada al techo del susto (para ellos una chicharra, el meeeeeeeee que atenta contra todos los sentidos, sería lo más fácil). A todas estas conseguí el último timbre más o menos discreto al tiempo que suficientemente sonoro, bueno, sonoro si suena dentro de la casa y no en el exterior donde los profesionales pensaban colocarlo definitivamente. Pero vamos por partes porque no tiene desperdicio. Toda esta expectación y falta de confianza en el prójimo viene precedida por el descalabro que estuvieron a punto de hacer en mi cocina. Por primera vez entendí por qué las obras en casa suponían uno de los primeros causantes de estrés. De no ser por una llamada en el último momento de mi papaíto para preguntarme si estaba conforme, los electricistas iban a colocar la horrorosa y antiestética caja blanca cuadrada en todo el medio de un paño de pared sobre el poyo del fregadero anulando la presencia de mi precioso plato toledano con su Quijote cayendo del Rocinante y su Sancho mirando aterrado, como por el susto del timbre…o por los gritos que histérica pegaba por el teléfono…¿¿¿cuatro hombres para colocar un timbre y la solución era esa??? Agradecí que papaíto me conociese y que su inteligencia masculina le advirtiese al menos de que algo no encajaba. Ya no dejo que me hagan arreglos en casa sin estar yo presente. Pero…ni por esas. Supervisé por dónde iban a sacar un cable de televisión, dando por sentado que era imposible que no lo pasaran rente al zócalo. Erré una vez más, salí del cuarto y cuando volví un espeluznante cable gordo blanco salía como un allien de mi bonita pared azul a medio metro del suelo. Se me cortocircuitó el sistema. No daba crédito, y como me dijeron el otro día, en estos tiempos es normal, jajajaja, ocurrente el hombre, pero se imaginan mi zozobra al ver a estos dos hombres mirando el interior de un timbre abierto, tratando de averiguar por qué no funcionaba. Escaldada por las experiencias anteriores – otra fue que no habiendo encontrado el cajetín de chicharra que había en la biblioteca para cambiarlo por uno más suave, lo colocó sobre la puerta de entrada, sin más y tan feliz el chico- no salía de los alrededores. El cuadro era surrealista. Mientras uno sostenía el cacharro escudriñando su interior, el otro leía las instrucciones del paquete. Curiosa me acerco, valoro y me atrevo a proponer que le pongan una pila –el hueco estaba-. ¿Pero si está conectado a la corriente?, dijo uno. El caso es que aquí dice que necesita 3 pilas, dijo el otro. Lkajsdgñjk, pensé yo. No es que quiera burlarme, pero resulta increíble. Pobrecitos, cuando creyeron que habían terminado les pedí probarlo. No se oía dentro, así es que había que pasar el cable al otro lado de la pared. ¿Cuál era la solución? Por todo el medio, jajajja, a ver, si hay un cajetín aquí y otro aquí, quizás se puedan conectar interiormente, no? Uuummm, cual inspectora de obra me quedé a un metro limpiando la cristalería que hubo que vaciar y rodar para poder obrar. Por ahí no, no, nooo…friega que te friega canalizaba la energía a lo karate kid con cuidado de no romper los cristales por la presión. Agotada, exhausta, incrédula a pesar de lo evidente, ese timbre iba a suponer el último adelanto que colocasen en casa. La próxima vez, cuando se estropeen, iré a un mercadillo a buscar aldabas y cencerros que me saquen delicadamente de mi ensimismamiento de andar por casa.

sábado, 31 de octubre de 2009

Fuerte marejada

Mediodía. Luce el sol como en un día de verano. Pero las olas son de otoño. Y de luna llena o casi llena. El cielo azul despejado. Demasiada luz reflectada en un intenso mar verdeazulado ribeteado de hermosa espuma blanca. Rizos que se abren acercándose a la costa rocosa. Los surferos al acecho, pacientes desde bien temprano. Esperando la ola perfecta para una cabalgada perfecta. Pingüinitos negros vistos desde lejos. Y más allá el rompiente firme donde se estrellan insistentemente los tirabuzones blancos con la fuerza de una ballena saltando feliz en mitad del océano. El ruido del mar es ensordecedor, pero se agradece tras un par de días de visita a la ciudad ruidosa y apabullante. No hay silencio. Hay que hablar muy alto para escucharse, pero los únicos sobresaltos son los vítores al que ejecuta un buen ejercicio sobre su tabla y el estampido brutal del agua rompiendo contra la escollera. En pleno otoño, esta noche los disfraces de halloween, tan de moda en los últimos tiempos por estas latitudes, harán sudar sangre a más de uno, porque la temperatura atmosférica sigue siendo de pareos, bikinis y cholas.
En La Punta, 31 de octubre de 2009.-